dijous, 23 d’abril de 2015

FACILITE EL ORGASMO DE SU PAREJA


Numerosos estudios observan que las mujeres con parejas masculinas más atractivas alcanzan el orgasmo con mayor facilidad independientemente de su edad y de la duración de la relación de pareja. La satisfacción femenina con la relación de pareja también facilita el orgasmo. No hace falta decir que, por supuesto, la relación también podría ser inversa: las mujeres que alcanzan el orgasmo con más facilidad encuentran a sus parejas más atractivas y están más satisfechas con sus relaciones conyugales. Si la dirección de la relación es en un sentido, en otro, o bidireccional es una cuestión que todavía no está suficientemente clara.

Un reciente estudio añade a la ecuación una observación con consecuencias muy prometedoras.
La facilidad para alcanzar el orgasmo de una mujer también depende de cuál cree que es la opinión de otras mujeres sobre lo atractiva que es su pareja. Cuando una mujer piensa que otras mujeres encuentran muy atractivo a su marido, sus probabilidades de alcanzar el orgasmo son significativamente mayores. Tanto es así, que la opinión de otras mujeres elimina la influencia de la propia opinión de la esposa sobre lo atractivo que es su marido. Lo que todavía no sabemos es si la importancia de la opinión de las otras mujeres depende de que sean amigas, compañeras de trabajo, posibles competidoras, etc.

En resumen, si está Usted interesado en facilitar el orgasmo de su esposa puede empezar invirtiendo en que esté más satisfecha con la relación de pareja. Si, además, quiere potenciar los efectos de la satisfacción conyugal busque la manera de que otras mujeres le encuentren atractivo y asegúrese de que su esposa dispone de esta información.

Yael Sela, Viviana A. Weekes-Shackelford, Todd K. Shackelford, Michael N. Pham, Female copulatory orgasm and male partner’s attractiveness to his partner and other women, Personality and Individual Differences 2015;79:152-156.
http://dx.doi.org/10.1016/j.paid.2015.02.008

CÓMO MEJORAR LA TERAPIA COGNITIVO CONDUCTUAL DEL TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO

La terapia de conducta es un tratamiento eficaz para el trastorno obsesivo compulsivo (TOC). Sin embargo 1 de cada 4 pacientes rechaza este tipo de psicoterapia, aproximadamente el 20% no responde y otro 20% recae tras el tratamiento. Añadir un módulo de terapia cognitiva reduce el rechazo y los abandonos del tratamiento.

Un reciente estudio ha observado, además, que la eficacia de la terapia cognitivo conductual del TOC aumenta si el paciente aprende a reducir el perfeccionismo, a tolerar mejor la incertidumbre, si es capaz de disminuir la dependencia de los demás y si puede aumentar la autonomía y la confianza en si mismo en cuanto a la capacidad para hacer frente a las exigencias cotidianas sin necesidad de recurrir a los rituales compulsivos.

Wilhelm S, Berman NC, Keshaviah A, Schwartz RA, Steketee G. Mechanisms of change in cognitive therapy for obsessive compulsive disorder: role of maladaptive beliefs and schemas. Behav Res Ther. 2015;65:5-10.
doi: 10.1016/j.brat.2014.12.006

divendres, 27 de febrer de 2015

CONSIGA UN MEJOR ASPECTO PARA LOS RESULTADOS DE SUS ESTUDIOS

Puede que la manera más efectista de conseguir que los resultados de sus estudios parezcan más relevantes sea variar las escalas de los gráficos de resultados.

A modo de ejemplo, vea la presentación de resultados del siguiente estudio en el que se comparó la eficacia de la terapia de mindfulness frente a la de la psicoeducación para tratar la depresión mayor que no había respondido a tratamiento farmacológico.
En la columna de la izquierda puede encontrar los gráficos publicados por los autores y en la columna de la derecha los mismos resultados pero incluyendo en el gráfico el rango completo de las puntuaciones de los cuestionarios en el eje de ordenadas.

Por supuesto también puede adoptar otras medidas como atribuir la ausencia de mejoría durante el seguimiento a un misterioso “efecto suelo” (aunque los resultados de los cuestionarios estén más cerca del techo que del suelo del rango de puntuaciones). Este “efecto suelo” puede apoyarlo con una referencia a otro estudio aunque el comentario de éste nada tenga que ver con lo que le sucede a sus datos.
También puede explicar por qué su grupo experimental no mejoró en 2 de 5 de los procesos supuestamente responsables del efecto terapéutico echándole la culpa a los cuestionarios y quizás no sea necesario comentar demasiado detalladamente la interpretación de los tamaños del efecto (que indican la relevancia clínica de los resultados obtenidos) o las diferencias entre los resultados obtenidos con los cuestionarios autoaplicados y heteroaplicados.
 
Finalmente, no sea excesivamente puntilloso y prescinda de analizar en qué medida su principio activo (la mejoría en los procesos) se tradujo en mejoría de la depresión.

Chiesa A, Castagner V, Andrisano C, Serretti A, Mandelli L, Porcelli S, Giommi F. Mindfulness based cognitive therapy vs. psycho-education for patients with major depression who did not achieve remission following antidepressant treatment, Psychiatry Research 2015 (epub ahead of print)

dimarts, 17 de febrer de 2015

¿HAN AUMENTADO LOS SUICIDIOS CON LA CRISIS?

Cada vez que se produce una recesión económica grave se reabre el debate sobre la relación entre el desempleo y el suicidio. Tras la crisis mundial de 2008 casi 32 millones de personas en todo el mundo perdieron su empleo. Datos provenientes de Europa, los Estados Unidos y Asia sugieren que existe una relación entre el aumento del desempleo y el del número de suicidios. Una posible explicación a esta relación es, por supuesto, que el desempleo comporta dificultades económicas graves, pero también que aumenta el número de casos de depresión, que reduce el acceso a los dispositivos de salud mental e incluso que puede provocar que la persona desempleada se vea obligada a interrumpir el tratamiento psicológico o psiquiátrico que está recibiendo.

Sin embargo, la relación entre el desempleo y el suicidio puede que no sea tan directa. Datos previos sugieren que el efecto negativo del desempleo puede ser incluso previo al inicio de la crisis y que puede ser mayor en los países con una menor tasa de desempleo previa a la crisis.

Un reciente estudio muestra que el riesgo relativo de suicidio asociado al desempleo aumentó en un 20-30% en todo el mundo entre los años 2000 y 2011. Tal como se había previsto, el efecto de la crisis económica en el número de suicidios parece iniciarse 6 meses antes de que empiece a aumentar el desempleo. Es posible que los recortes en las empresas y la reestructuración del mercado laboral previos a la crisis aumenten el estrés y la inseguridad laboral lo que, a su vez, influya negativamente en la salud mental de los trabajadores, especialmente los más vulnerables.

Por otra parte el efecto del desempleo en el número de suicidios fue más acusado cuanto más baja era la tasa de desempleo antes de la crisis económica. En concreto, pasar de un 3% de desempleo a un 6% puede aumentar el número de suicidios en un 6%, lo que es mucho menor que si el desempleo se incrementa, por ejemplo, de un 12% a un 15%. Puede, por tanto, que el aumento repentino del desempleo en países con elevados niveles de ocupación tenga un efecto más potente en cuanto a la generación de miedos e inseguridades y en la reducción de la capacidad subjetiva para hacer frente a la estresante circunstancia de haber perdido el empleo.

En contra de lo esperable no se observó un menor riesgo de suicidio en el grupo de edad de las personas jubiladas. Aunque el diseño del estudio no permite explicar este hallazgo, parece que el desempleo de los hijos y nietos también puede afectar negativamente a las personas que ya han entrado en la jubilación laboral.

Los datos parecen suficientemente contundentes para promover iniciativas oficiales encaminadas a prevenir el desempleo y a detectar lo antes posible los casos en riesgo de suicidio. Por supuesto, y sin menoscabo de actuaciones inmediatas, parece más razonable acordarse de iniciar estas medidas en los momentos de estabilidad económica, cuando se dispone de más recursos, que esperar a buscar soluciones en crisis, cuando la recesión económica y el desempleo ya han ejercido su efecto negativo y cuando tanto los recursos de intervención como las probabilidades de éxito son mucho menores.

Nordt C, Warnke I, Seifritz E, Kawohl W. Modelling suicide and unemployment: a longitudinal analysis covering 63 countries, 2000–11. The Lancet (publicado online en febrero de 2015).
http://www.thelancet.com/journals/lanpsy/article/PIIS2215-0366(14)00118-7/abstract

dissabte, 14 de febrer de 2015

¿ESTAMOS MÁS ESTRESADOS QUE ANTES?

No hace más de 10 años que JG Ballard profetizaba en sus novelas que los nuevos modelos de trabajo y ocio del siglo XXI abocarían a las clases medias a un grave estado de estrés solamente manejable recurriendo a la violencia, al libertinaje sexual y a varios tipos de conductas próximas a la locura. Más allá de la ficción de Ballard, varios estudios de organismos oficiales británicos observan un aumento general del estrés laboral en general, y de los funcionarios públicos en particular, que suponen un grave riesgo para la salud y un enorme gasto sanitario y social.

Aunque todas las épocas “presumen” de ser las más estresantes de la historia del ser humano, los estudios, relatos y quejas sobre el elevado grado de estrés que sufre la sociedad y sus devastadores efectos se repiten con argumentos sorprendentemente parecidos desde incluso antes de que el estrés entrara a formar parte del vocabulario científico.

Ya en los años 70 el escritor Alvin Toffler advertía que el estrés al que era sometido el ciudadano medio, incapaz de adaptarse a la rapidez de los cambios tecnológicos, angustiado por la transitoriedad de todos los componentes de sus vidas y abrumado por la avalancha de opciones educativas, de medios de comunicación y de bienes materiales era el responsable de los índices epidémicos de trastornos cardiovasculares, obesidad, suicidios, crímenes, el declive de la moralidad sexual y, para no dejarse nada, de la inestabilidad de las relaciones internacionales.

El período final entre guerras mundiales, caracterizado por la inestabilidad política y la recesión económica, también se describió como una época de aparición de nuevas formas de tensión nerviosa y niveles excepcionalmente crecientes de malestar social y de incapacidad laboral por enfermedad. Así, el cardiólogo Lord Hoder atribuía el estrés de aquella época a la monotonía laboral, la falta de ejercicio y de horas de sueño, a la creciente sensación de inseguridad internacional y a la ansiedad intrínsecamente asociada a la lucha por la supervivencia. Unos años antes el eminente profesor de Física en Cambridge Walter Langdon Brown había sugerido que el rápido incremento de trastornos funcionales podía deberse a la incapacidad de las personas para adaptarse a tiempos tan rápidamente cambiantes. El psiquiatra William S Sadler, por su parte, explicaba el desmesurado incremento de la mortalidad por hipertensión arterial y trastornos cardíacos y renales al estilo de vida norteamericano. En pocas palabras, la población no podía adaptarse a la supremacía social y tecnológica de una sociedad norteamericana que ya contaba con la radio y los aeroplanos.

El psicólogo de Harvard William James popularizó el término “americanitis” para describir la “neurastenia”,
un trastorno de moda en aquellos tiempos, que sufría en sus propias carnes. En 1925 se pensaba que la neurastenia era responsable de la muerte de un cuarto de millón de personas antes de cumplir los cincuenta años de edad por culpa de la prisa, el bullicio y la incesante tendencia a la iniciativa del temperamento propio de los habitantes de los Estados Unidos. Por supuesto no faltaron emprendedores con remedios para tan grave trastorno y la compañía farmacéutica Rexall patentó el Elixir Americanitis para el hombre de negocios, debilitado por la tensión de sus deberes.

Los argumentos de James para relacionar el estrés con los trastornos psicológicos se basaban en estudios previos como los del psiquiatra Charles Arthur Mercier, que en 1890 sostenía que la locura se producía como consecuencia de la herencia y del estrés que, a su vez, era producto del exceso de trabajo, los problemas conyugales o el insomnio. En la misma época, el médico William A White también relacionaba la locura por estrés y el progreso social, en concreto, la competitividad del mundo industrial.

Aún más atrás en el tiempo, el concepto de neurastenia popularizado por el neurólogo estadounidense George M Beard constituye la versión más influyente de la conexión entre el progreso y el estrés. Beard relacionó el extraordinario aumento de la fatiga nerviosa con las presiones de la vida moderna en la década de 1860. En concreto, el acelerado desarrollo de las máquinas de vapor, la prensa periódica, la ciencia, el telégrafo y la necesidad de una mayor actividad mental para procesar los avances tecnológicos (y los cambios climáticos), lo que era especialmente dificultoso para las mujeres. Por cierto, la “nerviosidad americana” también tenía efectos positivos como el aumento sin precedentes de la belleza y la voluptuosidad de las mujeres norteamericanas, que había superado con creces a la de las mujeres europeas.

Como en el resto de períodos, también en éste se atribuía el crecimiento de las muertes por enfermedades cardíacas al inevitable efecto de la tensión mental y la excitación de las prisas modernas generadas por los avances tecnológicos como el vapor y la electricidad, la sobrepoblación y la lucha sin cuartel por la existencia. El siglo XIX fue bautizado por algunos como “El Siglo del estrés”.

Por consiguiente, cuando pensamos que actualmente estamos más estresados, olvidamos que nuestros predecesores se encontraron con circunstancias igualmente adversas que les afectaron en la misma medida que a nosotros y, por tanto, les causaron la misma respuesta de estrés. Como quiera que también ellos hicieron predicciones apocalípticas del efecto negativo del estrés en los años venideros, ni siquiera en eso somos originales.

Jackson M. The stress of life: a modern complaint? The Lancet 2014;383:300-301.
http://dx.doi.org/10.1016/S0140-6736(14)60093-3

dimarts, 10 de febrer de 2015

LAS TÉCNICAS DE IMAGINACIÓN MEJORAN AÚN MÁS LA EFICACIA DE LA TERAPIA COGNITIVO-CONDUCTUAL DE LA ANSIEDAD SOCIAL

La terapia cognitivo-conductual del trastorno de ansiedad social es eficaz. Sin embargo existe un grupo de pacientes que no mejoran lo suficiente. Por ese motivo, siempre es bienvenida cualquier innovación técnica que complemente la eficacia de la terapia cognitivo-conductual en este tipo de casos.

Las teorías cognitivas de la emoción sostienen que la presencia de imágenes negativas contribuye al mantenimiento de los trastornos emocionales. En el caso de la ansiedad social, estas imágenes consisten principalmente en una representación mental negativa de cómo cree el paciente ser visto por los demás.

Las imágenes negativas son comunes en las personas con ansiedad social. Estas imágenes suelen representar los miedos de estas personas más que la realidad objetiva y, por tanto, refuerzan las evaluaciones negativas sobre uno mismo y las expectativas de evaluación negativa por parte de los demás. Por consiguiente, también aumentan la ansiedad, la evitación de situaciones sociales y la atención centrada en uno mismo. Como es comprensible, todas estas consecuencias negativas interfieren con el desempeño social y, por tanto, contribuyen a reforzar la imagen negativa de uno mismo creando un bucle de mantenimiento del trastorno.

Las técnicas basadas en imágenes parecen ser más potentes para producir cambios emocionales y cognitivos positivos que las técnicas verbales. Un reciente estudio ha comparado una terapia cognitivo-conductual de 12 sesiones en grupo mejorada con la modificación de imágenes con el mismo número de sesiones de terapia cognitivo-conductual basada en la modificación de pensamientos negativos sin incluir imágenes. El tratamiento mejorado incluyó la modificación de imágenes sociales negativas, el afrontamiento mediante imágenes, la reformulación de los recuerdos negativos, el desarrollo de nuevas creencias mediante imágenes positivas y ejercicios de imaginación orientados al futuro.

La terapia cognitivo-conductual potenciada con imágenes fue completada por el 91% de los participantes (lo que ya es un éxito) y, a diferencia de la terapia cognitivo-conductual verbal, la depresión no interfirió con la asistencia a las sesiones de tratamiento.

Aunque los pacientes de los dos grupos obtuvieron una gran mejoría, los del grupo de terapia cognitivo-conductual potenciada con imágenes mejoraron más tanto al final del tratamiento como después del alta. Como era de esperar, aquellos pacientes con una mayor habilidad para evocar imágenes mejoraron más, pero los que no eran tan hábiles generando imágenes también obtuvieron una mejoría muy significativa y equivalente a la del otro grupo de terapia cognitivo-conductual. Es decir, no hace falta ser un virtuoso de la generación de imágenes para beneficiarse de este tipo de tratamiento para la ansiedad social.

McEvoy PM, Erceg-Hurn DM, Saulsman LM, Thibodeau MA. Imagery enhancements increase the effectiveness of cognitive behavioural group therapy for social anxiety disorder: A benchmarking study. Behav Res Ther. 2015;65:42-51.
doi:10.1016/j.brat.2014.12.011

dilluns, 9 de febrer de 2015

¿QUÉ HAY QUE PREGUNTAR DURANTE EL DIÁLOGO SOCRÁTICO?

El diálogo socrático clásico es un método de la dialéctica, es decir, una estrategia para la demostración lógica, que se utilizó principalmente para el examen de los conceptos morales, en ocasiones con fines didácticos.

La premisa original sostenía que la mejor manera de mostrar el acierto de un punto de vista es poner de manifiesto la contradicción del punto de vista contrario (por eso se basa en hacerle preguntas al otro).

En Psicología el diálogo socrático fue adoptado por las primeras versiones de la terapia cognitiva como método para revelar de manera guiada la contradicción de los errores cognitivos de los pacientes depresivos y propiciar un cambio en la manera de percibirse, de percibir su entorno y de percibir el pasado y el futuro.

En pocas palabras, las preguntas del diálogo socrático en la versión original de la terapia cognitiva de la depresión estaban encaminadas a que el propio paciente descubriera (normalmente por contradicción) los errores cognitivos que cometía cuando evaluaba la realidad. No hace falta decir que esta estrategia nada tiene que ver con el aleccionamiento o la explicación didáctica.

No obstante, no es extraño que este tipo de diálogo socrático no surta el casi mágico efecto que suele leerse en los manuales de tratamiento. En algunos casos, el diálogo socrático utilizado de esta manera genera en el paciente más sensación de incomprensión que de ayuda y más resistencia que acuerdo para el cambio terapéutico. No es extraño, ya que la modificación de las cogniciones no se produce por razonamiento lógico (saber que estoy evaluando la realidad de manera sesgada) sino por modificación basada en experiencias correctivas (comprobar que, en realidad, mi percepción era errónea).

Por consiguiente, el objetivo del diálogo socrático no es que el paciente llegue por si mismo a la conclusión de que su manera de ver las cosas es equivocada sino que acepte que los pensamientos son hipótesis (no hechos), que existen otras maneras de entender lo que nos sucede (o que existen otros posibles desenlaces además del negativo) y que el propio paciente proponga un experimento conductual para verificar la precisión real de sus interpretaciones.

El diálogo socrático se inicia recogiendo información de la visión del paciente sin ideas preconcebidas de qué tipo de sesgos cognitivos están actuando y sujetando el afán por cambiar la visión del paciente. Una vez definido con la máxima precisión el punto de vista del paciente es el momento de averiguar cómo le gustaría que fueran las cosas con el objetivo último de que el propio paciente decida qué tipo de experimento conductual le permitirá decidir qué visión de la realidad es más precisa, qué cambios en su comportamiento le facilitarían el alcanzar la realidad deseada y, sobre todo, cómo evaluará si ha tenido éxito.

Así pues, no existe un catálogo de preguntas “buenas” o “perspicaces” para el diálogo socrático eficaz. No obstante, Christine Padesky propone algunas estrategias que pueden facilitarle una cierta estructura:

  1. Concrete las afirmaciones abstractas como, por ejemplo, “me siento inútil” (es posible que lo que entiende el terapeuta no coincida con el significado idiosincrático que le otorga el paciente). 
  2. Tenga en cuenta todas las respuestas del paciente, no sólo aquéllas que se ajusten a su idea preconcebida del caso. Si las respuestas del paciente no le sorprenden y no desafían sus primeras impresiones es posible que no esté escuchando con suficiente atención.
  3. Comparta con el paciente de manera regular durante cada visita un resumen de sus respuestas. Los resúmenes no sólo refuerzan la sensación de ser escuchado y comprendido, sino que también sirven para asegurarse de que está entendiendo adecuadamente a su paciente y le permiten relacionar todas las piezas que componen la formulación del caso.
  4. Plantee una pregunta que lo relacione todo, que describa globalmente el problema y que permita diseñar un experimento para verificar la objetividad de esa visión de las cosas frente a otras posibles interpretaciones así como un plan para verificar el efecto de su comportamiento en lo que le sucede.

Padesky, C.A. (1993, September). Socratic questioning: Changing minds or guiding discovery? Invited keynote address presented at the 1993 European Congress of Behaviour and Cognitive Therapies, London. Retrieved from http://www.padesky.com/clinicalcorner/ (actualmente en Publications/Fundamentals).

divendres, 6 de febrer de 2015

¿POR QUÉ FUNCIONAN LOS TRATAMIENTOS PSICOLÓGICOS EN GRUPO?

Los tratamientos psicológicos en grupo funcionan. No obstante, todavía no sabemos exactamente por qué. Los participantes en este tipo de tratamientos suelen atribuir la mejoría a factores grupales como el apoyo o la cohesión, pero también sería posible que los mismos factores responsables de la mejoría en la terapia individual lo fueran de la terapia en grupo.
Uno de los factores que podría explicar la mejoría de los tratamientos en grupo es la influencia social normativa. Según esta variable, los participantes del grupo modificarían sus comportamientos y sus actitudes para adaptarlas a las normas grupales.
Un reciente estudio sobre la eficacia del tratamiento en grupo de los trastornos alimentarios ha observado que, efectivamente, la influencia social normativa precedió a la mejoría del trastorno alimentario y fue un sólido predictor de la eficacia del tratamiento en grupo. 
En otras palabras, aspectos del grupo como observar a otro paciente argumentar en contra del ideal femenino de extrema delgadez parecen ser los desencadenantes del proceso de adaptarse a esa visión normativa y, por tanto, iniciar los cambios conductuales y cognitivos que conducen a la mejoría del trastorno.
Por consiguiente, parece fundamental que los terapeutas sean capaces de identificar aquellas afirmaciones de los pacientes que favorecen la mejoría clínica y que las refuercen hasta convertirlas en el conjunto de normas que sirvan como modelo a imitar por el resto de los participantes.


Cruwys T, Haslam SA, Fox NE, McMahon H. "That's not what we do": Evidence that normative change is a mechanism of action in group interventions. Behav Res Ther. 2015 Feb;65:11-7. 

dissabte, 31 de gener de 2015

EL CATCC PUBLICA UN LIBRO CON LAS ÚLTIMAS NOVEDADES SOBRE EL ESTRÉS

Eva Baillès y Xavier Torres han publicado el libro Comprender el estrés con la editorial Amat. Esta obra forma parte de la colección El médico en casa, que incluye otros títulos de los profesionales sanitarios de más prestigio con el objetivo de proporcionar de forma divulgativa toda la información para conocer las enfermedades más comunes.

Comprender el estrés
Comprender el estrés incluye una nueva visión del verdadero efecto nocivo del estrés y cómo evitarlo.
Comprender el estrés no sólo incluye una visión actualizada de qué es y qué no es el estrés, sino que matiza el efecto del estrés en las enfermedades médicas y concreta qué tratamientos son eficaces y con qué salvedades.

Probablemente lo más esperanzador de esta obra sea la explicación de los estudios más recientes que muestran que puede que el estrés no sea perjudicial en si mismo, sino que su efecto negativo dependa de la interpretación que hacemos de él. Esta nueva visión del efecto nocivo del estrés ha propiciado la creación de nuevos tratamientos psicológicos más eficaces y menos complicados para el paciente.

http://www.profiteditorial.com/libros-para-vivir-mejor/comprender-el-estr%C3%A9s

divendres, 8 de novembre de 2013

SIN ESFUERZO NO HAY RECOMPENSA: ¿POR QUÉ LAS PERSONAS DEPRIMIDAS ABANDONAN LA TERAPIA COGNITIVO CONDUCTUAL?

CATCC_depresion

La terapia cognitivo conductual es uno de los tratamientos psicológicos recomendados por el National Institute for Clinical Excellence (NICE) para la depresión de cualquier gravedad. Sin embargo, es un recurso escaso que no es extraño que únicamente se proponga a aquellas personas con una depresión que no han respondido al tratamiento farmacológico o a aquellos pacientes que no quieren tomar medicación o que no la pueden tolerar por los efectos secundarios que les produce. Por otra parte, el número de casos en los que se efectúa una verdadera terapia cognitivo conductual parece ser sorprendentemente bajo (para más información vea el artículo “EL TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO (TOC) NO ESTÁ RECIBIENDO EL TRATAMIENTO ADECUADO”).

La terapia cognitivo conductual de la depresión es considerablemente exigente ya que requiere que la persona deprimida acuda a un determinado número de sesiones y que realice trabajo para casa. Es decir, que traspase a su vida cotidiana las estrategias que ha aprendido durante las sesiones de terapia. El cumplimiento de las tareas para casa entre sesiones es fundamental para que la terapia cognitiva de la depresión tenga éxito. Sin embargo, los problemas para cumplir este requisito parecen ser más la norma que la excepción.

El conocimiento de las dificultades para seguir la terapia cognitivo conductual de la depresión no sólo es importante para los psicólogos cognitivo conductuales, sino que también puede ayudar a los médicos a informar a los pacientes y a decidir si la terapia cognitivo conductual de la depresión sería el tratamiento adecuado para cada caso. Recibir información del médico que deriva al paciente sobre los requerimientos de la terapia cognitivo conductual puede prepararle adecuadamente para decidir con conocimiento de causa si es el momento adecuado para iniciarla y, en su caso, para facilitar la vinculación al tratamiento y el cumplimiento de prescripciones. Como se verá a continuación, las principales dificultades para completar la terapia cognitivo conductual para la depresión se relacionan con el trabajo para casa (especialmente con el miedo de no ser capaz de hacerlo bien), con la percepción de superficialidad de la terapia y con los mecanismos de evitación experiencial.

Un reciente estudio con pacientes que sufrían una depresión resistente al tratamiento farmacológico evaluó los motivos para no iniciar o para abandonar la terapia cognitivo conductual.

Mediante cuestionarios estructurados se observó que la mayoría de las razones para no iniciar la terapia cognitivo conductual se relacionaron con dificultades para acudir a las sesiones bien por falta de tiempo o por tener otros compromisos, bien por el horario o la localización de la terapia. Los pacientes que empezaron la terapia cognitivo conductual pero la interrumpieron adujeron el mismo tipo de razones, pero también relacionaron la interrupción de la terapia con otros motivos más específicos como que no les hacía sentir mejor, que les hacía sentir confundidos o que les suponía demasiado trabajo de leer y escribir.

Tanto los pacientes que terminaron la terapia como aquellos que la interrumpieron habiendo realizado al menos una sesión refirieron haber obtenido un beneficio significativo del procedimiento terapéutico y del trabajo para casa. Sin embargo en las entrevistas en profundidad también pusieron de manifiesto algunas dificultades con la terapia cognitivo conductual:

Dificultades con el contenido y el procedimiento de la terapia
  • La sensación de que no se estaba tratando la verdadera causa de la depresión.
  • La dificultad de las técnicas de reestructuración cognitiva que, en algunos casos, hizo más difícil la relación con el terapeuta.
  • La terapia cognitivo conductual carecía de la profundidad suficiente para comprender su situación. En concreto, no se exploró su biografía (especialmente su infancia), la raíz de sus problemas o no adquirieron conciencia suficiente de por qué se sentían deprimidos.
  • Haber descubierto aspectos desagradables de si mismos o haber tenido que revisar episodios dolorosos de sus vidas.
  • Sentirse excesivamente presionados por el terapeuta. 
  • Percibir la terapia como demasiado rígida e inflexible.
  • Tener un terapeuta excesivamente joven o poco experimentado.
Trabajo para casa
Las principales dificultades con el trabajo para casa se refirieron a los registros de pensamientos y actividades que en terapia cognitivo conductual se utilizan para identificar y modificar los círculos viciosos de pensamientos, emociones y conductas negativas.
  • El trabajo para casa resultó desagradable cuando se relacionó con la sensación de no ser capaz de hacerlo bien, lo que en muchas ocasiones estuvo relacionado con experiencias escolares negativas y con haber sido criticados por ello.
  • Resultaba excesivamente difícil poner los pensamientos en palabras o por escrito.
  • No tener nada que escribir en los registros o no querer pensar en los desencadenantes del estado de ánimo depresivo, especialmente en aquellos casos en los que los mecanismos de negación y evitación experiencial eran más acusados.
  • Miedo a que los demás pudieran ver los registros de pensamientos, bien por vergüenza o por miedo a una posible estigmatización.
  • La insistencia del terapeuta en la necesidad de cumplir el trabajo para casa, lo que significaba que no les estaba escuchando lo suficiente.
  • No tener tiempo para hacer las tareas para casa y tener que dejarlas para el último día.
Probablemente, la evitación experiencial sea el mecanismo que mejor explique las dificultades descritas anteriormente, aunque sería fácilmente subsanable si la terapia cognitivo conductual siguiera uno de sus principios básicos, la colaboración entre el terapeuta y el paciente. Esta actitud de colaboración debería incluir la verificación continua de la comprensión de las prescripciones y la exploración regular de la presencia de reacciones contraproducentes al procedimiento terapéutico, incluyendo el comportamiento del terapeuta. Sin embargo, uno de las dificultades más frecuentes que refirieron los pacientes fue la sensación de carencia de este nivel de colaboración, lo que resultó especialmente relevante cuando el terapeuta fue percibido como poco experimentado.

Maria Barnes, Sofie Sherlock, Laura Thomas, David Kessler, Willem Kuyken, Amanda Owen-Smith, Glyn Lewis, Nicola Wiles and Katrina Turner. No pain, no gain: Depressed clients’ experiences of cognitive behavioural therapy. British Journal of Clinical Psychology (2013), 52, 347–364.

http://dx.doi.org/10.1111/bjc.12021

dilluns, 4 de novembre de 2013

EL TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO (TOC) NO ESTÁ RECIBIENDO EL TRATAMIENTO ADECUADO

Si no se trata de manera correcta, el trastorno obsesivo compulsivo tiende a cronificarse, a deteriorar la calidad de vida y a incrementar los costes individuales y sociales. Numerosos estudios muestran, no obstante, que el trastorno obsesivo compulsivo tiene un tratamiento eficaz, tanto farmacológico como psicológico. Las guías internacionales indican que el tratamiento de elección del trastorno obsesivo compulsivo debe ser la terapia cognitivo conductual con un número suficiente de sesiones de exposición con prevención de respuesta. Existen pruebas que sugieren que este tipo de tratamiento es más eficaz que la terapia puramente cognitiva y que el tratamiento farmacológico.

Cuanto antes se trate el trastorno obsesivo compulsivo, mayor es la probabilidad de que responda completamente a la terapia. Sin embargo, el número de personas con un trastorno obsesivo compulsivo que buscan tratamiento es sorprendentemente bajo y, lo que es peor, solamente unos pocos de los que consultan reciben el tratamiento adecuado.

En concreto, en los países occidentales solamente 3-4 de cada 10 personas con un trastorno obsesivo compulsivo buscan ayuda (en China únicamente 1 de cada 10). Aunque es posible que esta falta de búsqueda de ayuda se deba al desconocimiento de la existencia de tratamientos eficaces, a la vergüenza de sufrir el TOC o al miedo a ser estigmatizado, en muchos casos el trastorno obsesivo compulsivo no es diagnosticado de manera adecuada. Por ejemplo, en un estudio realizado en el año 2010 se observó que el 72% de las personas que sufría un trastorno obsesivo compulsivo no fue diagnosticado correctamente mientras estaba recibiendo tratamiento psiquiátrico por otros motivos.

Lamentablemente, incluso entre aquellas personas con un trastorno obsesivo compulsivo que son diagnosticadas correctamente, la mayoría (entre el 90 y el 70%) no recibe el tratamiento recomendado por las guías internacionales, es decir, la exposición con prevención de respuesta. Aunque algunos datos sugieren que hasta un 47% de los casos de trastorno obsesivo compulsivo habría recibido una terapia cognitivo conductual, un análisis más pormenorizado puso de manifiesto que en realidad en la mayoría de ellos se realizó una intervención inespecífica y desestructurada consistente principalmente en un diálogo guiado centrado en cuestiones de la infancia.

El análisis de las razones por las que se infrautiliza la terapia cognitivo conductual basada en la exposición con prevención de respuesta para el tratamiento del trastorno obsesivo compulsivo sugiere como principales motivos bien que los terapeutas no han tenido oportunidad de aprender el tratamiento, bien que a muchos de los que lo conocen les da reparo que sus pacientes se sientan mal durante las sesiones de exposición.

Schwartz C, Schlegl S, Kuelz AK, Voderholzer U. Treatment-seeking in OCD community cases and psychological treatment actually provided to treatment-seeking patients: A systematic review. Journal of Obsessive-Compulsive and Related Disorders, 2013 (epub ahead of print)

dijous, 31 d’octubre de 2013

¿DE QUÉ DEPENDE EL ÉXITO DEL DIÁLOGO SOCRÁTICO?

La terapia cognitivo conductual es un tipo de psicoterapia breve cuya relevancia para la Psicología clínica procede de los estudios científicos de eficacia para el tratamiento de la depresión.

Entre las herramientas terapéuticas de la terapia cognitivo conductual destaca la reestructuración cognitiva, que se basa principalmente en el diálogo socrático. El diálogo socrático es una técnica en la que el terapeuta inserta dudas en el sistema de creencias perjudiciales del paciente a fin de modificarlas. Hasta la fecha desconocemos con precisión cuáles son los mecanismos conductuales o cognitivos responsables del efecto terapéutico del diálogo socrático.

Un interesante estudio ha analizado los diálogos socráticos que conducen a la mejoría de la conducta del paciente y ha observado que las interacciones entre terapeuta y paciente promueven el cambio mediante el moldeamiento de las verbalizaciones de este último. Es decir, en el diálogo socrático el terapeuta refuerza positivamente las verbalizaciones del paciente que se aproximan a los objetivos terapéuticos y extingue las verbalizaciones contraproducentes para aumentar y disminuir respectivamente su probabilidad de ocurrencia. Sin embargo, parece que la principal diferencia entre los diálogos socráticos que finalizan en éxito y los que acaban en fracaso depende de la respuesta del terapeuta a las verbalizaciones intermedias del paciente, es decir, aquéllas que no son claramente beneficiosas o contraproducentes. Los diálogos socráticos que tuvieron menos éxito fueron aquellos en los que las respuestas del terapeuta a las verbalizaciones intermedias del paciente fueron menos consistentes. En concreto, el éxito o el fracaso del diálogo socrático dependieron de que el terapeuta fuera suficientemente perspicaz como para detectar rápidamente la calidad de las verbalizaciones intermedias, es decir, si contenían más elementos de aproximación a los objetivos terapéuticos o más elementos de alejamiento, para reforzarlas o cuestionarlas respectivamente.

Calero-Elvira A, Froján-Parga MX, Ruiz-Sancho EM, Alpañés-Freitag M. Descriptive Study of the Socratic Method: Evidence for Verbal Shaping. Behavior Therapy 2013;44(4):625-638.

dimarts, 29 d’octubre de 2013

LA FIBROMIALGIA SEVERA PODRÍA ESTAR RELACIONADA CON UN POLIMORFISMO COMT

La fibromialgia es una enfermedad que se caracteriza por dolor extenso de larga duración y un descenso generalizado del umbral nocioceptivo que se puede detectar en los denominados “puntos dolorosos”.

Actualmente no conocemos la causa de la fibromialgia, pero existen numerosos estudios que observan una alteración potencialmente reversible en el subsistema nervioso central encargado de la transmisión del dolor. Esta alteración, denominada sensibilización central, se concreta en la amplificación de la transmisión del dolor y un funcionamiento deficitario de los mecanismos encargados de inhibirlo. Este fenómeno neurológico explica de manera razonable por qué a las personas con fibromialgia les causa dolor aquello que no debería hacerlo (por ejemplo, una caricia) y les duele antes, más, y durante más tiempo, aquello que le duele a todo el mundo (por ejemplo, un esfuerzo físico, una actividad repetitiva o una posición sostenida).

La sensibilización central podría estar relacionada con alteraciones en el funcionamiento de enzimas, como la catecol-metil-transferasa (COMT), encargadas de la metabolización de neurotransmisores como la noradrenalina, la dopamina o la histamina. En concreto, el polimorfismo del gen encargado de codificar la sustitución de la valina por la metionina comporta una reducción cuádruple de la actividad de esta enzima lo que, a su vez, comporta un incremento de la actividad de los neurotransmisores y neuromoduladores. Este incremento podría relacionarse con una disfunción del sistema opioide endógeno que, en personas sanas, provoca un descenso de la tolerancia del dolor. Parece que el incremento de la actividad de los neurotransmisores disminuiría el nivel de endorfinas lo que, al aumentar la respuesta de los receptores opioides, comportaría la aparición de hiperexcitabilidad de las neuronas de la médula espinal, la reducción del umbral del dolor y el incremento del dolor espontáneo.

En una reciente investigación se ha observado que el 71% de los pacientes con fibromialgia presentaban signos de sensibilización central frente al 27% del grupo control. La distribución del polimorfismo COMT fue similar entre pacientes y controles, lo que indica que el polimorfismo COMT no es un marcador específico de fibromialgia. Entre los pacientes con fibromialgia que mostraron signos de sensibilización central, aquellos que presentaban el polimorfismo Met/Met mostraron el menor umbral doloroso mientras que los que presentaban el polimorfismo Val/Val mostraron el umbral más elevado. Entre los dos grupos se situaron aquellos pacientes con fibromialgia que presentaban sensibilización central y el polimorfismo Met/Val. En el grupo control con signos de sensibilización central se observaron resultados idénticos. No se observaron resultados concluyentes en los grupos de pacientes y controles que no presentaban signos de sensibilización central. Aunque los pacientes con fibromialgia mostraron mayores niveles de ansiedad y depresión, y una peor calidad de vida, no se observó una relación clara con la sensibilización central o los distintos genotipos COMT.

En resumen, se observó que aproximadamente 3 de cada 4 pacientes con fibromialgia presentaban signos de sensibilización central. Entre éstos, los que presentaban el polimorfismo Met/Met mostraron una mayor sensibilización central y un dolor espontáneo más intenso. Por consiguiente, el polimorfismo Met/Met parece identificar a un subgrupo de pacientes con fibromialgia severa y con un peor pronóstico y que, por tanto, muy probablemente requieran un tratamiento más sostenido y especializado que incluya un mayor número de componentes.

Desmeules J, Chabert J, Rebsamen M, Rapiti E, Piguet V, Besson M, Dayer P, Cedraschi C. Central Pain Sensitisation, Comt Val158met Polymorphism, And Emotional Factors In Fibromyalgia. The Journal of Pain 2013 (epub ahead of print).

dilluns, 28 d’octubre de 2013

LA ACTIVACIÓN CONDUCTUAL NO SÓLO ES EFICAZ PARA LA DEPRESIÓN MAYOR

La activación conductual es un tipo de psicoterapia breve eficaz para la depresión de cualquier gravedad.

Actualmente la Psicología clínica valora si diferentes estrategias de terapia cognitivo-conductual podrían tener un valor transdiagnóstico. Es decir, si estas intervenciones son capaces de modificar procesos básicos que son comunes a varios tipos de trastornos mentales. Uno de estos procesos que es común a los problemas de ansiedad y depresión es la preocupación excesiva.



La preocupación excesiva se define como un proceso repetitivo de pensamiento negativo que intenta de manera infructuosa prevenir la ocurrencia de acontecimientos negativos o planificar la manera de afrontarlos en caso de que se produjeran. La preocupación actúa como una respuesta de evitación cognitiva que impide el procesamiento emocional del miedo y, por tanto, alivia la ansiedad a corto plazo pero la mantiene y la agrava a largo plazo. Por otra parte, la preocupación excesiva también contribuye a la evitación de situaciones conflictivas o aquellas que uno no está muy seguro de poder manejar de manera adecuada, con la consecuencia de no solucionar los problemas y, por tanto, de mantener la incertidumbre y la ansiedad.

La aplicación de la activación conductual a la preocupación excesiva como parte fundamental para controlar la ansiedad y la depresión se centra en romper los círculos viciosos de evitación ansiosa enseñando al paciente a identificarlos y proponiendo conductas alternativas a la preocupación. Durante el tratamiento, la reducción de la evitación pone de manifiesto la ineficacia de la preocupación e incrementa la sensación de control sobre el manejo de problemas, lo que reduce la ansiedad y su interferencia en la vida de la persona.

Acaba de publicarse el primer estudio controlado en el que se pone a prueba la activación conductual como tratamiento para la preocupación excesiva. En un breve programa de ocho semanas de psicoterapia en grupo se observó que, comparados con los participantes que no recibieron la terapia, el grupo que realizó la activación conductual redujo la preocupación, los síntomas de depresión, la evitación cognitiva y la intolerancia de la incertidumbre, y mejoraron la actitud orientada a la solución de problemas, con un efecto que se incrementó de manera progresiva incluso una vez finalizada la terapia cognitivo-conductual.

Dada la brevedad y sencillez técnica de la activación conductual para la preocupación, los autores del estudio sugieren que este tratamiento podría estar especialmente indicado como paso previo a una terapia cognitivo-conductual más compleja o para aquellos casos en los que ésta no esté indicada.

Chen J, Liu X, Rapee RM, Pillay P. Behavioural activation: A pilot trial of transdiagnostic treatment for excessive worry. Behaviour Research and Therapy 2013;51(9):533-539.

divendres, 25 d’octubre de 2013

EL PRINCIPIO ACTIVO DE LA PSICOTERAPIA PARA LA FOBIA SOCIAL

La ansiedad social (fobiasocial) es un problema común que va más allá del simple nerviosismo en situaciones sociales y que genera una elevada incapacidad y sufrimiento. En los últimos 20 años se han producido notables avances en la psicoterapia para combatir la ansiedad. En concreto, seis metaanálisis confirman que un tipo de psicoterapia breve, la terapia cognitivo-conductual, es eficaz para superar la ansiedad social, con un efecto superior al obtenido con los fármacos para la ansiedad.

Una de las cuestiones más importantes en Psicología clínica es conocer los mecanismos que explican la eficacia del tratamiento. Es decir, ¿Qué ingredientes de la psicoterapia son necesarios para curar la ansiedad social?

Un reciente estudio ha observado que el principal componente de la terapia cognitivo-conductual de la ansiedad social es la modificación de la atención centrada en uno mismo. No es de extrañar, ya que la persona que sufre una fobia social suele centrar la atención en si misma con el objetivo de controlar si se está desenvolviendo de manera adecuada en la interacción social. Desafortunadamente, esta vigilancia interfiere con el procesamiento de la información externa (por ejemplo, es más difícil atender a lo que nos está diciendo el otro) e incrementa la percepción de información interna (por ejemplo, si me palpita el corazón o me tiembla la voz) que puede contribuir a incrementar la ansiedad y abonar la percepción de estar dando una imagen negativa.

Mörtberg E, Hoffart A, Boecking B, Clark DM. Shifting the Focus of One's Attention Mediates Improvement in Cognitive Therapy for Social Anxiety Disorder. Behavioural and Cognitive Psychotherapy, 2013 (Epub ahead of print)

dissabte, 21 de setembre de 2013

UN NUEVO INSTRUMENTO DE AYUDA AL DIAGNÓSTICO DE LA FIBROMIALGIA

El diagnóstico de fibromialgia requiere un examen médico experto que, junto con la presencia de sintomatología psicopatológica comórbida, puede dificultar su evaluación en determinados ámbitos sanitarios. Posiblemente la consecuencia más grave de esta dificultad sea el retraso en el diagnóstico, el tratamiento y en la derivación a los dispositivos terapéuticos especializados.

El equipo de la Unidad multidisciplinar de fibromialgia del Hospital Clínic de Barcelona ha validado una versión en castellano del Fibromyalgia Rapid Screening Tool (FiRST), un nuevo instrumento de screening para la fibromialgia. El cuestionario consiste en seis preguntas autoaplicadas que requieren menos de tres minutos para ser contestadas.

El FiRST mostró una alta sensibilidad y una moderada especificidad. Es decir, fue capaz de identificar correctamente el 89% de los casos con un diagnóstico positivo de fibromialgia (incluso cuando la enfermedad se acompañaba de un nivel elevado de ansiedad, depresión, catastrofismo y/o incapacidad funcional), pero únicamente identificó correctamente el 55% de los casos con un diagnóstico negativo de fibromialgia.

En consecuencia, el FiRST se puede utilizar como instrumento de apoyo diagnóstico en todos los casos de sospecha de fibromialgia. La aplicación del FiRST, que podría ser especialmente útil para la asistencia primaria, podría ayudar a la detección precoz de los casos de fibromialgia. Esto permitiría intervenir cuando el tratamiento es más coste-efectivo, es decir, antes de que se desarrollen problemas comórbidos como alteraciones afectivas o del sueño, problemas laborales o económicos y, sobre todo, antes de que los factores de mantenimiento de la enfermedad se desarrollen completamente.

Xavier Torres; Antonio Collado; Emili Gómez; Anna Arias; Sonia Cabrera-Villalba; Osvaldo D. Messina; Luis F. Vidal; Patricia Clark; Carlos Ríos; Patricia A. Salomón. The Spanish version of the Fibromyalgia Rapid Screening Tool: translation, validity and reliability . Rheumatology (Oxford) 2013 (epub ahead of print); doi: 10.1093/rheumatology/ket308

dimecres, 18 de setembre de 2013

LA PERSONALIDAD FIBROMIÀLGICA NO EXISTE

A pesar de los sólidos hallazgos sobre la fisiopatología de la fibromialgia, en muchos ámbitos se sigue considerando como un síndrome sin explicación médica. La creencia de que las personas que sufren un síndrome sin explicación médica se caracterizan por tener un determinado tipo de personalidad parece estar bastante extendida. Por ejemplo, hasta el 84% de los médicos de familia británicos cree que las personas con un síndrome sin explicación médica presentan problemas de personalidad que, a su parecer, son más relevantes que la presencia de un trastorno afectivo o de ansiedad.

Un amplio estudio realizado con 874 pacientes ha evaluado la existencia de características específicas de personalidad en la fibromialgia. Los resultados mostraron que las personas con fibromialgia no poseen una personalidad distinta a la de la población general, otras personas con dolor crónico u otras personas con una enfermedad crónica.

La personalidad, no obstante, diferenció dos grupos de pacientes. Aunque los perfiles de personalidad de ambos grupos se situaron en el rango de normalidad respecto a la población general, el Grupo 1 se caracterizó por presentar una mayor predisposición a experimentar emociones positivas, por mayores dificultades para experimentar emociones positivas y por la tendencia a la inhibición conductual. Este perfil de personalidad incluye varios rasgos que contribuyen a presentar un peor estado clínico como, por ejemplo, otorgar al dolor un carácter más nocivo, amenazador e incapacitante, sufrir un mayor impacto emocional negativo debido al dolor y tender a afrontarlo mediante la evitación de actividades potencialmente dolorosas o mediante la utilización de conductas de seguridad.

Efectivamente, antes de empezar el tratamiento multidisciplinar el Grupo 1 presentaba un peor estado físico, afectivo y un mayor número de problemas psicosociales. Seis meses después de finalizar el tratamiento y a pesar de que el dolor había mejorado más que en el Grupo 2, el Grupo 1 seguía presentando una mayor ansiedad, depresión y preocupación por el dolor y sus consecuencias.

En resumen, los resultados de este estudio sugieren que parece injustificado seguir sosteniendo que las personas con fibromialgia se caracterizan por presentar características patológicas de la personalidad. No obstante, la personalidad puede permitir la identificación de diferentes subgrupos de pacientes que probablemente necesiten abordajes terapéuticos distintos.

Xavier Torres, Eva Bailles, Manuel Valdes, Fernando Gutierrez, Josep Maria Peri, Anna Arias, Emili Gomez, Antonio Collado. Personality does not distinguish people with fibromyalgia but identifies subgroups of patients, General Hospital Psychiatry, 2013 (epub ahead of print).

dimarts, 17 de setembre de 2013

LA TERAPIA COGNITIVO-CONDUCTUAL PARA EL ESTRÉS POSTRAUMÁTICO TAMBIÉN ES EFICAZ EN LA SEGURIDAD SOCIAL

La terapia cognitivo-conductual es el tratamiento de elección para el trastorno por estrés postraumático. Sin embargo, esta recomendación se basa en ensayos clínicos y, por tanto, cabría la posibilidad de que su eficacia en la práctica clínica diaria fuera menor.

Un reciente estudio ha puesto a prueba la terapia cognitivo-conductual para el trastorno por estrés postraumático en el equivalente británico a la Seguridad Social. En concreto, 34 terapeutas fueron entrenados en terapia cognitivo-conductual para tratar a un total de 330 personas que sufrían un trastorno por estrés postraumático.

Independientemente de las diferencias sociodemográficas y del tipo de trauma, la gran mayoría de los pacientes fue capaz de realizar la terapia cognitivo-conductual con excelentes resultados. Casi el 80% de los que completaron el tratamiento obtuvo una mejoría sostenida y casi el 85% obtuvo una mejoría clínica significativa. Solamente un 1% de las personas tratadas empeoró. Por supuesto, el resultado de la terapia cognitivo-conductual fue mucho mejor en aquellas personas que completaron el tratamiento y que acudieron con regularidad a las visitas. Únicamente la presencia de problemas sociales y de varios traumas disminuyó la eficacia del tratamiento cognitivo-conductual. Los terapeutas poco expertos en terapia cognitivo-conductual no obtuvieron peores resultados que los expertos, pero más de sus pacientes abandonaron la terapia. 

Por consiguiente, la terapia cognitivo-conductual para el estrés postraumático puede aplicarse en los servicios públicos de salud con la misma eficacia que en los ensayos clínicos con la condición de que la apliquen terapeutas entrenados en terapia cognitivo-conductual y se realice de una manera estructurada y fiel al programa de tratamiento.

Ehlers A, Grey N, Wild J, Stott R, Liness S, Deale A, Handley R, Albert I, Cullen D, Hackmann A, Manley J, McManus F, Brady F, Salkovskis P, Clark DM. Implementation of Cognitive Therapy for PTSD in Routine Clinical Care: Effectiveness and Moderators of Outcome in a Consecutive Sample. Behaviour Research and Therapy, 2013 (epub ahead of print)

divendres, 13 de setembre de 2013

¿EN QUÉ CASOS EL TRASTORNO OBSESIVO-COMPULSIVO (TOC) RESPONDE PEOR AL TRATAMIENTO COGNITIVO-CONDUCTUAL?

El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) es una enfermedad que genera un gran sufrimiento y una grave interferencia en la vida de las personas que lo sufren. La terapia de conducta y la terapia cognitivo-conductual son tratamientos eficaces para el TOC. Sin embargo, algunos casos de TOC no responden de manera adecuada a estos tratamientos. Conocer de qué factores depende la respuesta al tratamiento psicológico permitiría mejorarlo y, a la vez, saber para quién y en qué circunstancias el tratamiento psicológico es de la máxima eficacia.

Una reciente revisión de factores predictivos de respuesta al tratamiento conductual o cognitivo-conductual del TOC ha observado que, independientemente de cuándo y en qué país fue realizado el estudio, la eficacia del tratamiento se ve reducida cuando la persona que lo sufre está soltera, no tiene empleo, sufre niveles muy acusados de ansiedad antes de empezar el tratamiento y, especialmente, si el principal problema es un trastorno por acumulación de objetos inservibles. Curiosamente, el nivel educativo, el estar recibiendo o no un tratamiento farmacológico o la duración del TOC no mostraron relación alguna con el resultado del tratamiento conductual o cognitivo-conductual.

Cabe tener en cuenta, no obstante, que es muy probable que el trastorno por acumulación de objetos inservibles no forme parte de los trastornos obsesivos-compulsivos y necesite de un tratamiento propio y puede que distinto del que se aplica en la actualidad. Por otra parte, dado que el nivel de ansiedad previo al tratamiento, el estar soltero y el desempleo parecen ser factores de mal pronóstico, es probablemente muy aconsejable mejorar el tratamiento mediante la inclusión del abordaje de estos factores contextuales, del significado que tienen para la persona que sufre el TOC y de cómo le afectan o de la manera en que los maneja.

Knopp J, Knowles S, Bee P, Lovell K, Bower P. A systematic review of predictors and moderators of response to psychological therapies in OCD: Do we have enough empirical evidence to target treatment?, Clinical Psychology Review, 2013 (epub ahead of print).